Convendrán conmigo en que se podrá estar más de acuerdo o menos con un régimen monárquico,
ser más o menos borbónico, y/o aprobar o reprobar las declaraciones o corredurías
de un hombre que ostenta un cargo que alguien consideró que le correspondía por
herencia. Hasta ahí bien. Lo que me resulta más incomprensible es que un medio
de comunicación (público) de un país democrático realice un lavado de imagen (perdón,
de sonido en este caso) para impedir la manifestación verbal (y por ende,
inofensiva) de unas personas que, por la razón que sea, se oponen a la
tonadilla del país representado por el monarca en una competición deportiva. Sí,
ya sé que corona y el himno nacional son dos cosas diferentes, y habrá quien
repruebe una y no la otra. La cuestión es ¿por qué esconder algo que era
público y manifiesto (se sabía lo de la intención de la pitada y que Dña. Espe
estaba muy sulfurada por ello), máxime cuando ya tuvo lugar en Valencia hace 3
años? ¿Qué hay de malo en que parte de la población sepa que otra parte, por la
razón que sea, se manifiesta pacíficamente contra unos símbolos?
Desde que en Panderetilandia manifestarse de forma pacífica
supone una forma de oponerse activamente a la autoridad y silbar pueda ser un
acto delictivo, me cuestiono muchas cosas. Por ejemplo, después de tantos años
conviviendo con violencia y una vez que ésta se ha dejado de usar, parece que se
sigue anhelando el calificativo de “terrorista” y ahora ya lo utilizan los gobernantes de forma tan
indiscriminadamente como para nombrar como tal unos silbidos. Se ha revalorizado a la
baja y hay quien parece tener añoranza y no lo ha quitado de su discurso. Será quizá
una falta de respeto, pero calificar de terroristas a quienes silban en un
estadio me parece que es, definitivamente, perder "el Norte". Y ya hacer un
borrado de sonidos en emisiones televisivas no voy a decir a qué me recuerda,
porque del Nodo tengo recuerdos muy vagos, dada mi juventud.
Ojalá la violencia que se ejerciera en el mundo no pasara de
unos silbidos o críticas verbales a autoridades y políticos. Si fuera así, otro
gallo nos cantaría, o como reza la versión moderna del dicho, otro pajarito nos
tuitearía.