Tuesday, June 5, 2012

Los lunes al sol… mientras otros van a Sombra


Recuerdo hace unos años una secuencia que vi en la TV; había sido grabada en un colegio y en ella se preguntaba a los niños por las cuestiones que más les preocupaban, en concreto, los mayores problemas del país. Recuerdo haber oído cosas como “el terrorismo”, “el paro”, y alguna otra. Lo del paro lo decían muchos críos, por cierto. Y si el “terrorismo” ahora caería del ranking, podríamos pensar que lo del desempleo sería actualmente un hit tremendo. Esto podría ser un pueblo/ciudad de Castilla-León, pero no lo recuerdo con exactitud. No creo que fuera en Cáceres, pero podría haber sido en cualquier punto de Panderetilandia. Indudablemente a los 6-7 años todavía no existe una conciencia como tal de problema, si no es introyectada o heterónoma. Se supone que refleja una preocupación de sus progenitores. Pero si cuando no se alcanzaban las cotas actuales de desempleo en general y en población joven en particular, ya era preocupante, qué decir de esta era Post-Bankiana que vivimos. Por tanto, ¿a qué podemos atribuir los resultados de la reciente consulta popular que ha tenido lugar en la localidad de Me-da-igual-el-sitio (creo que hubiera sido similar en muchos otras)? Ahí van mis hipótesis:

1.- En todos nosotros subyace un alma de Miss/Mister dispuesta a aflorar cuando se nos pregunta en público por las cuestiones que nos preocupan y por las que lucharíamos: “la paz mundial”, “el hambre en África”, “educación, sanidad y empleo para todos”, etc. Luego nos quitamos la corona y la banda que hemos ganado en el concurso y en nuestra vida menos pública decimos lo que nos preocupa o nos interesa: “pasármelo guay este finde”, “que haya toros en las fiestas de mi pueblo”, “que mi equipo gane la liga”, “que me toque la Loto”.

2.- Cualquier cosa que se relacione directamente o indirectamente con la palabra “corrida” estimula mucho al personal, sea o no de humanos.

3.- Lo de la solidaridad es una cuestión filosófica o como mucho una aspiración para adolescentes imberbes, filántropos barbudos o poetas más o menos reconocidos.

4.- Engarzando con lo anterior, podría ser que lo de invertir en medidas que combatan el desempleo sea algo que pueda que uno vea o no, y no desde luego a corto plazo, mientras que la diversión de los toros yo sé que la voy a ver y disfrutar el día de la festividad de la Virgen. Vamos, lo de la satisfacción inmediata de deseos propios.

5.- Wert tiene tanta cancha que va a conseguir recuperar finalmente una tradición/arte que, según dirían algunos, injustamente había sido relegada a la ignonimia en Panderetilandia. ¡Hala! Aboguemos, pues, por seguir siendo el país de la Piel de Toro, y olvidémonos conscientemente de que más cornadas da el hambre…

No sé con cuál de estas opciones quedarme ¿Alguna sugerencia?

En definitiva, visto lo visto, igual es mejor tener menos confianza en la especie humana y tenerla más en la taurina.

Saturday, May 26, 2012

Los (silbidos) que el viento se llevó


Convendrán conmigo en que se podrá estar más de acuerdo o menos con un régimen monárquico, ser más o menos borbónico, y/o aprobar o reprobar las declaraciones o corredurías de un hombre que ostenta un cargo que alguien consideró que le correspondía por herencia. Hasta ahí bien. Lo que me resulta más incomprensible es que un medio de comunicación (público) de un país democrático realice un lavado de imagen (perdón, de sonido en este caso) para impedir la manifestación verbal (y por ende, inofensiva) de unas personas que, por la razón que sea, se oponen a la tonadilla del país representado por el monarca en una competición deportiva. Sí, ya sé que corona y el himno nacional son dos cosas diferentes, y habrá quien repruebe una y no la otra. La cuestión es ¿por qué esconder algo que era público y manifiesto (se sabía lo de la intención de la pitada y que Dña. Espe estaba muy sulfurada por ello), máxime cuando ya tuvo lugar en Valencia hace 3 años? ¿Qué hay de malo en que parte de la población sepa que otra parte, por la razón que sea, se manifiesta pacíficamente contra unos símbolos?

Desde que en Panderetilandia manifestarse de forma pacífica supone una forma de oponerse activamente a la autoridad y silbar pueda ser un acto delictivo, me cuestiono muchas cosas. Por ejemplo, después de tantos años conviviendo con violencia y una vez que ésta se ha dejado de usar, parece que se sigue anhelando el calificativo de “terrorista” y ahora ya lo utilizan los gobernantes de forma tan indiscriminadamente como para nombrar como tal unos silbidos. Se ha revalorizado a la baja y hay quien parece tener añoranza y no lo ha quitado de su discurso. Será quizá una falta de respeto, pero calificar de terroristas a quienes silban en un estadio me parece que es, definitivamente, perder "el Norte". Y ya hacer un borrado de sonidos en emisiones televisivas no voy a decir a qué me recuerda, porque del Nodo tengo recuerdos muy vagos, dada mi juventud.

Ojalá la violencia que se ejerciera en el mundo no pasara de unos silbidos o críticas verbales a autoridades y políticos. Si fuera así, otro gallo nos cantaría, o como reza la versión moderna del dicho, otro pajarito nos tuitearía.

Sunday, May 13, 2012

Improvisando los acordes de la danza de la lluvia en época de sequía económica


(Sugiero leer el post mientras se escuchan las canciones "Delincuencia" y "Nuestra alegre juventud" de La Polla Records, compuestas en 1984, cuando algunos de nosotros/as eramos jóvenes... y ¡mira por dónde!) 

En mis largos viajes surcando los mares lejos de Itaca, he intentado no sucumbir ante el seductor canto de las sirenas. Cuando mi barca se ha acercado a las costas del país de la Pandereta, cariñosamente renombrado por mí como Panderetilandia, he podido constatar una realidad musical singular. Allí parece que los perros tocan la flauta mientras que el elegido como director de orquesta da la sensación de tocar el arpa mientras el país se quema, si no metafóricamente, sí en los corazones de sus habitantes, que arden de cólera. El resultado no es una pieza armónica, sino un obra de teatro musical hecha de petachos donde, desgraciadamente, a muchos (ya casi a cerca de 5 millones de personas) les toca bailar con la más fea.

Lo peor de todo es que nadie disfruta con esta pieza de arte musical, ni los compositores, ni los directores de la banda, ni los músicos, y mucho menos el público que pasivamente (o algunos más activamente) se encuentran en el mismo escenario. Desde que en noviembre de 2011 nuestros actuales máximos mandatarios recogieran el testigo aupados por los coros inocentes de los niños de San Ildefonso (perdón, quería decir por los votantes), se han tomado una serie de medidas políticas, económicas y judiciales para intentar aplacar la crisis. Si la seriedad de la crisis en la que estamos inmersos es preocupante per se, no lo es menos el cariz de las mencionadas medidas. Mi humilde percepción de lego es que, habida cuenta de cuál era el programa electoral del partido que ganó las elecciones y el cual a la postre ostenta actualmente el poder, tales medidas responden más a un acto de superstición tipo danza de la lluvia en épocas de sequía. No veo al menos a un experto que cuidadosamente interpreta una pieza que domina a la percepción, sino mucha improvisación de alguien que toca de oído. Y eso preocupa: y mucho.

De fondo se oye un murmullo que es lo suficientemente alto como para que lo oigan los intérpretes de la melodía, quienes se encuentran subidos en el escenario ahora mismo; otra cosa es que quieran oírlo o no. El murmullo se convierte en música: los canes sacan sus flautas y tocan con rabia y fuerza su canción llena de frescura. Son muchos, más de los que el director de la orquesta quiere reconocer, aunque menos que los niños cantores de San Ildefonso que eligieron al director, lo cual no implica que su cantos flautines deban ser ignorados por ello. El mayor problema de la tonadilla canina es que, aunque con viveza y fuelle, los sonidos mueren estériles porque falta algo que les dé la sensación de armonía y un final apoteósico a la obra.

Pero además de los canes, están sus primos los gatos, quienes también maullaron y nos deleitaron con su parte del musical el pasado 29 de marzo. Aunque las afinadas voces eran mayoritarias en el coro, la atención mayoritaria se centró en los maullidos discordes de algún felino, las cuales ocuparon portadas y se constituyeron en la excusa perfecta para modificar una ley que tilde de terrorista incluso a quien se oponga de forma pacífica en sus manifestaciones.

Y siendo esta la pieza musical imperante, yo al tiempo que encallo mi barquito diminuto y frágil en el país de la Pandereta, cantando el miedo espanto (sólo de momento, lo confieso…). Lo que más me sorprende es que no se machaque en Eurovisión con tanta cultura musical. En el fútbol sí, ahí sí. Ahí todos cantarán a una, como Fuenteovejuna para apoyar a “la Roja”. Aunque al fin y al cabo, al igual que sucede con la música, esto del balompié es otro espectáculo que aplaca los ánimos y calma las fieras. Así que cuando retome de nuevo mi viaje y me aleje de Panderetilandia, espero no oír en la lejanía, como entre susurros, una tonadilla desesperanzadora: “Que se vaya el país al garete, pero que no pare la música. Show must go on!”

Sunday, April 29, 2012

EspaÑa, aka PandeRetilandia, se escribe con “ñ” de engaño y con ERE de Rajoy


Erase una vez un digno ciudadano de Panderetilandia que se encontraba temporalmente fuera de su hábitat natural. Su vida no era ni más ni menos penosa que la del resto de conciudadanos de su noble patria, pero al menos no había perdido su casa en beneficio del banco, tenía salud suficiente y dinero para pagar un seguro médico privado, y había ahorrado lo suficiente en su trabajo sin contrato como camarero de fin de semana y durante los veranos. Por lo que decidió continuar con sus estudios pero fuera de Panderetilandia.

Una mañana se levantó con un dolor de cabeza descomunal: no sabía si era debido a los 25 Gin-tonics que había bebido el día anterior en compañía de una cuadrilla de extraterrestres o porque había estado intentando buscarle algo de sentido a las noticias de la prensa. Habida cuenta su mente objetiva y poco dada a creer en lo sobrenatural, se inclinó por la primera opción. Las noticias de la prensa hoy en día carecen de sentido (asumiendo que alguna vez lo tuvieron).

Se dirigió tambaleándose hacia el baño en busca de una pócima mágica que le devolviera al estado de semi-conciencia habitual. El tembleque se apoderó de todo su cuerpo, por lo que los botes de pastillas iban del aparador al suelo pasando brevemente por sus torpes manazas. Como si regalaran los medicamentos. Bueno, “que dicen que hasta ahora casi nos los regalaban”, pensó para sí mismo. Se tomó unas pastillas azules que había en el único botecito que había conseguido retener entre sus dedos. Como sabía que todo lo que tenía en casa surtía un efecto placebo, no le dio más importancia. El único problema fue que, al rato, le produjo una terriblemente dolorosa erección. Con un arrebato de pragmatismo, aprovechó para quitar del colgador una camiseta y ponérsela en el mástil para que se acabara de secar.

De vuelta a la cama para continuar con su ración de ‘lazy Sunday’, advirtió un bulto a un lado del catre. Continuó con su acostumbrado análisis racional: “a) será una convención de chinches que están muy juntitas; b) se tratará del burro que hay en el Chagall que tengo en la pared de la cabecera, c) o habré tenido la mala suerte de que un humano (o extraterrestre humanoide) se haya colado en mi cama en algún momento de la noche”. Golpeó suavemente pero con insistencia con su dedo índice izquierdo. Los gruñidos que provenían del bulto del lado derecho de la cama no sonaban ni a chinche ni a burro. Se diría que no parecían muy humanos tampoco, pero las palabras que siguieron al gruñido sonaban más a persona que a extraterrestre. ¡Y era él! ¡Era él! ¡O sea, era él! No sabía cómo había sucedido, pero estaba durmiendo en su cama, y no quería ni pensar que había podido pasar antes de dormir. De repente, reparó en cierta molestia que tenía al sentarse y de que había un par de gotas de sangre en su calzoncillo.

-¿Mariano?

-Sí, soy yo. Shhhoy tu padre…

-¿Qué hace en mi cama?

-He venido a cuidar de ti.

-¿Lo cuálo?

-Sí, tengo la responsabilidad moral de cuidar de todos los ciudadanos de Panderetilandia. Aunque no te lo creas.

-¿Y por qué no me lo iba a creer? ¿Tengo alguna razón para dudar de su palabra?

-No, eso digo yo.

-Y dígame, ¿también incluyendo a los que vivimos temporalmente en Breda?

-Sí, hay que empezar por Breda, para que nos dé suerte. Es un baluarte histórico.

-Pues se lo agradezco, don Mariano, pero es que yo hoy tengo que estudiar para un importante examen que tengo mañana en la universidad y no le puedo atender.

-¿¡Estudiar!? Pero si eso está demodé. ¿Tú no ves que aquellos que han conseguido los mejores puestos, es decir los políticos, y los que han ascendido en el escalafón social, esos que se han hecho famosos por acostarse con alguien más, no tienen estudios universitarios en un gran porcentaje?

-Sí, pero es que yo aspiraba a tener cierta base cultural, al margen de la profesión que desarrolle en el futuro. De hecho, también me planteaba dedicarme a la investigación.

-¡Chorradas! Un padre, aunque putativo como yo, debe velar por el bienestar y futuro de sus hijos. Y te digo que eso de la investigación no tiene futuro. ¿Tú no juegas bien al fútbol?

-Pues no.

-¡Qué jodienda! Pues algo alternativo tendremos que pensar; algo que no sea registrador de la propiedad. Hala, hablando de cultura, vamos a los toros a ver algún maestro desplegando su arte. Yo de joven, iba mucho. Bueno, y ahora de menos joven, también mucho IVA.

-No sé si en Breda encontraremos hoy ningún matador de este tipo.

-¡Qué contratiempo! Vayamos entonces a un coffee-shop de esos, antes de que nos veten la entrada estos europeos. No te puedes hacer una idea de la guerra que me están dando en Europa. Menos mal que les daremos matarile en la Eurocopa con “La Roja” y ahí demostraremos nuestro poderío. Fíjate que estoy por subvencionar los viajes a los partidos de la Eurocopa. Hablaré con Wert sobre el tema, que algún destino tendremos que dar a los presupuestos de su cartera. 

-De acuerdo, don Mariano. Pero haga el favor de retirar su mano de mi culo, si no le importa.

-No te hagas el remolón, que he oído que aquí en los Países Bajos esto de la homosexualidad no está tan mal visto. Y haz el favor de quitarte esa camiseta que llevas colgando de entre las piernas, que con eso sí que vamos dando el cante.

Y FUERON FELICES (NO ASÍ EL RESTO DE CIUDADANOS DE PANDERETILANDIA) Y COMIERON SANDWICHES DE QUESO.

Saturday, April 21, 2012

De tragedias griegas y otras lecturas para este abril


Por circunstancias ajenas a mi voluntad, ayer acabé cenando con una de mis amistades y una serie de amigos/conocidos/colegas que fue recolectando por el camino. Uno de ellos era un colega griego, quien nos puso en antecedentes de la tragedia griega, aunque no de las obras de Sófocles o Eurípides precisamente. Aquí había mucho rescate pero ningún héroe, aunque sí el mito caído de un país al que nunca pensábamos que veríamos así, cuna de la civilización moderna occidental.

Entre las diversas cosas que el cretense nos llegó a decir destaco aquella que hizo que mi huesillo de la risa se resintiera. Afirmó que nosotros no tenemos nada que temer, que Grecia ha sucumbido a la hecatombe porque carecía y carece de industria, y que sin un mínimo de inversión era previsible que el país (léase, los personajes de carne y hueso que lo habitan) pudiera sufrir lo indecible, como es el caso ahora. Así que, habida cuenta que la inversión a futuro marianista que están propugnando los dirigentes del país de la pandereta, quien escribe estas líneas no puede por más que respirar con alivio ante la halagüeña situación (por si acaso, para los que no estéis acostumbrados/as a mí, modo ironía “on”).

Hablaba el colega visitante también de lo desolador y fantasmagórico que resultan las instalaciones deportivas que se edificaron con un dinero que todavía existía (en algún sitio, supongo). Esas instalaciones fugazmente han dado un servicio de diversión de masas en la polis de Atenas, mientras que ahora es más común que las masas huyan de los polis en actos provocados no precisamente por la diversión del momento socio-económico del país. Ahora, no obstante, se erigen medio derruidas y abandonadas, huérfanas de padre y madre que las cuiden, y cual hermanas bastardas de las construcciones de la Grecia clásica. La diferencia más notoria entre el Partenón de la acrópolis de Atenas y estas instalaciones deportivas es que, mientras que el primero es admirado ahora y sus ruinas responden únicamente al paso del tiempo desde que se desarrollara aquella esplendorosa civilización, las segundas nunca han podido ser admiradas, y oriundos y extranjeros vuelven la mirada al signo de la decadencia de una época que quiere dejarse atrás cuanto antes. Retornando la mirada al país de la piel de toro, la mejor de las noticias es que Albertito gafotas, habiendo dejado la alcaldía madrileña, ya no insistirá en pedirle a los Reyes Magos-COI que le traigan el fuerte del Séptimo de Caballería-Juegos Olímpicos de regalo, lo cual siempre pensó que era de Justicia (desgraciadamente para los que antes no le padecíamos tan directamente, ahora impartirá justicia para todos: ¡manda eggs!).

Son tiempos para los griegos donde trágicamente han vuelto a una sociedad de hombres libres y esclavos. La mayor diferencia (platónica) es que los esclavos están todos en tierras helenas y los hombres libres, o al menos los filósofos y sabios, y por ende más capacitados para ejercer la política sobre sus conciudadanos (lo de “con” sobra, pero bueno), están en una zona más distal hacia el Norte (o incluso Noroeste), a varios Kilómetros de las fronteras griegas.

Por h o por b, estos días tenemos a los griegos más presentes también por estos lares, incluso el amigo Basagoiti ha hablado del personaje televisivo Homer, que no el griego original en que se inspira. (Perdón, ¿he dicho amigo? Bórrenme inmediatamente esa palabra, please). Y son días en los que cada vez está más presente en la mente de muchos ciudadanos el mito de Edipo: eso de matar al padre líder político para poder amar a la madre Estado de bienestar para abrazar sus cariñosos brazos de salud y educación.

Un último apunte en forma de mensaje esperanzador del visitante griego fue que no nos preocupáramos, que no estamos tan mal porque ellos están mucho peor. La segunda parte es cierta, la primera no parece la conclusión directa de la más trágica situación que padecen. Existe el dicho de que cuando veas la barba del vecino pelar, hay que poner la propia a remojar, pero yo le veo a Mariano reluciendo su barba bicolor sin intención alguna de hacer recorte ahí, mira por dónde. Otros recortes sí, pero no aquellos que de forma cabal llevan a un crecimiento sostenido del país, porque una cosa es ahorrar y otra cosa es inversión cero en el mañana. En fin, no le voy a dar ideas a nuestro máximo mandatario, no sea que utilice el argumento de que no somos los que peor estamos en un arrebato de incontinencia verbal y le dé por explayarse ante la prensa (si hasta ahora ha mostrado su rostro más lacónico ha sido porque estaba esperando para dar el mensaje adecuado).

Pues nada, a mí también me espera un fin de semana de mierda, pero como hay otros que están desempleados y han perdido la casa por impago, creo que no tengo derecho a quejarme, según dicen. No hay mejor estrategia de desactivar el enfado y el criticismo popular de las masas: como hay otros en peor situación que la de uno mismo, debemos estar agradecidos a los dioses del Olimpo.

Wednesday, April 18, 2012

¡Que no me voy a correr una juerga de fin de semana, vecino!

Son tiempos estos que corren (mejor, se arrastran cual reptil) en los que el paquete de leguminosas granuladas que el común de los mortales aspira a llevarse a la boca no lo venden en la tienda del barrio, sino que hay que ir a Alemania o a Finlandia a buscarlo. Ante tal circunstancia, nada me resulta más hilarante, pero por lo patético del asunto, que escuchar a los vecinos del barrio despotricar contra quienes se van a buscar el necesario producto al único sitio donde se lo proporcionan, cuando parecen sugerir que lo suyo sería quedarse esperando hasta que el tendero pudiera por fin abastecernos de nuevo. Por supuesto. Lo contrario sería un acto de felonía imperdonable. O expresiones refiriéndose a las ratas que abandonan el barco cuando está a punto de hundirse. ¿Y por qué las supuestas ratas deberían anhelar acabar en el fondo marino cuando tienen oportunidad de sobrevivir? ¿Hay alguna promesa de paraíso de huríes roedoras que me he perdido allá donde se encuentran las llaves (matarile, rile, rile...)?

Quien aborda el asunto del exilio obligado por cuestiones laborales como una traición a la patria, indudablemente sostiene la versión equivocada del relato. Maticemos. Cuando uno va a pasar el verano a Londres a aprender un poco de inglés y conoce gente mientras se bebe unas pintas con las libras ganadas sirviendo mesas, haciendo camas o cuidando críos/as, se lo puede pasar bien y tener cosas que contar a la cuadrilla a la vuelta. Cuando uno se va a pasar 12 días en julio a la Selva Negra, a Berlín o París, ve muchos museos, monumentos, parques, exposiciones, come en restaurantes y bebe jarras de cerveza, también se lo puede llegar a pasar bien y tener cosas que contar a los compañeros de trabajo a la vuelta (en la mayoría de los casos desbordando una excitación y entusiasmo exagerado, pero bueno). Pero cuando uno ya no tiene 22 años, sino diez más, y cuando el billete de avión/tren que compra no es de ida y vuelta, es de obligado cumplimiento desgranar la situación y buscar bien en el pajar para poder encontrar atisbos del concepto de diversión.

La cuestión básica es que en esos mundos paralelos que uno se monta al viajar de “churiguay” (léase, para un ratito), hay un contacto con la realidad local similar al de aquel límite de funciones, es decir tendente a cero. Hasta que uno no rebasa los lindes imaginarios del cogollo de la zona protegida de turista, es decir, esa parte de la ciudad en la que ya no vemos cada 5 minutos a alguien sujetando un mapa entre sus manos; no se pincha hueso: no llega a la verdadera city. Esa destacable zona que hay en todo enclave turístico donde no nos paramos a ver cada dos por tres un monumento señalado con un numerito en rojo en el mapa. Esa zona donde no hay amables dueños de restaurantes y bares que se esfuerzan notablemente en entender nuestro ininteligible inglés, francés o alemán. Esa zona por la que no pasa el autobús de sightseeing, sino un urbano cuyo conductor no nos entiende ni tiene humor para hacerlo. En definitiva, esa zona de la ciudad que no gira alrededor nuestro cual satélite del planeta yo-estoy-de-visita.

Con un ligero ejercicio de imaginación, espero que no sea mucho pedir para algunos, es fácil recrear esta escena. Ir por la mañana a trabajar y pasar allí unas cuantas horas; parar para comer algo que sabe a… bueno, a lo que sea que sepa (mejor no preguntemos a qué); irse corriendo a las clases de alemán, finés o sueco para ver si te enteras cada vez un poco más de lo que te dicen; llegar a casa reventado después de tener todos los sentidos activados para entender cómo funcionan las cosas en general; prepararte la cena mientras ves fútbol en la tele porque lo de correr detrás de un balón parece ser un idioma universal y es lo único que pillas todavía en ese endiablado idioma. Obsérvese que he omitido deliberadamente el proceso de encontrar un piso de alquiler y la firma de su contrato, así como otras cuestiones burocráticas de registro como residente en la ciudad/país de acogida. Y no por nada especial; sólo por no hacer más tedioso este ejercicio de imaginación que supondría a algunos. Bien, esta historia puede continuar al cabo de cuatro meses, cuando llega una visita para pasar unos días de vacaciones en tu nueva ciudad y te pregunta: ¿dónde puedo ir para pasármelo bien, hacer compras, conocer gente maja, tomar una cervecita en un sitio cool y conseguir entradas de fútbol del equipo local? Entonces, como única respuesta aparece un encogimiento de hombros y una reflexión desconcertante asomada desde el interior: “Anda, pues ahora que lo dices, no lo sé. Es que todavía no he tenido tiempo de pasármelo bien.”

Thursday, March 8, 2012

Sólo usufructarios de nuestro cuerpo: Recordando a Hildegart Rodríguez

Vivimos en tiempos convulsos en cuanto a la sexualidad se refiere, donde gobernantes y otras gentes de mal vivir (léase, políticos varios convertidos a telepredicadores) se erigen en guardianes de nuestra moral y velan, e incluso se desviven, por que consigamos alcanzar el cielo prometido. Habría que valorar, no obstante, si aquí también valdría aquello de “después de metido (el voto en la urna), se jodió lo prometido”. Parece ser que la supuesta ola de libertinaje sexual que nos invade hace que la cuadri de Mariano, personificada en “Albertito el Gafotas” tire de la balanza para devolver las aguas (benditas) a su cauce. Parece ser que se considera que los conciudadanos estamos en una fase evolutiva temprana, y cual adolescente imberbe que se ve imbuido por el impulso de los bajos instintos, necesita de la mano adulta-responsable que le guíe en cómo no disponer de su cuerpo (no la mano de un cura docente, no pensemos mal). Claro, que para eso dicho cuerpo se le ha dado en usufructo pero para realizar una serie de actividades varias al servicio de otros, nunca para que disponga del mismo como si fuera suyo. Aludía El Jukebox en su blog (http://blogs.diariovasco.com/eljukebox/2012/03/08/nos-guarde-dios/) a los confusos argumentos (por la retórica utilizada) para justificar el sarpullido que les produce a nuestros actuales guardianes de la moral en el poder el matrimonio homosexual, la píldora del día después y derecho al aborto. Cual adolescentes desconocedores de la vida y de los peligros que ésta encierra, se nos hace creer que necesitamos un discurso paternalista que hace que sea de justicia legislar nuestra sexualidad. Todo ello me ha recordado a la época de la II. República española.

No me entusiasma especialmente la celebración de días internacionales, especiales, celebrables y, si se me permite, abominables. Pero por no “hacer el raro” (otra vez), hoy voy a ser infiel a mis principios (me perdone Vd., su pseudo-señoría Ruiz-Gallardón) y voy a recordar a una mujer cuya corta pero prolífica vida y obra me parece importante resaltar. Hoy me han llegado muchos de esos mensajitos tontos que te petan el correo de entrada con presentaciones llenas de “fantásticas mujeres” y me pregunto por qué en ninguna de ellas aparece Hildegart Rodríguez (“la Virgen Roja”).

Hildegart ha sido descrita como una niña prodigio, la cual fue concebida por su madre con la idea de dar lugar a una mujer modélica que sentara las bases de cómo debería ser (o mejor dicho, como debería pensar) la mujer del futuro, razón por la cual hablar de ella implica mencionar a su madre Aurora Rodríguez. Al fin y al cabo, ésta la concibió tras inseminarse de un maromo que le pareció que le podría dar buenos genes, y con el objetivo de crear una obra. Por tanto, como obra propia, siempre sería de su propiedad, cosa que, a otro nivel, otros padres/madres también hacen actualmente cuando llevan a sus críos a las escuelas de fútbol para que sean los que ellos/as quieren (futbolista profesional que les saque de pobres) y no lo que los impúberes quieran.

En su corta vida (1914-1933), le dio tiempo a aprender varios idiomas (a los 8 años hablaba ya 6 lenguas), estudiar derecho además filosofía y letras e iniciar la carrera de Medicina. También destacó ser una ferviente impulsora, junto con Gregorio Marañón, de La Liga para la Reforma Sexual, que tenía como objetivo el avance del conocimiento sobre la sexualidad, la cual se consideraba como un aspecto positivo del ser humano. También abogaban por la igualdad de hombres y mujeres, la emancipación de la mujer en todas las áreas (no sólo la sexual), incluyendo equiparación de derechos entre hombres y mujeres con respecto al acceso a la educación y el campo laboral. Las ideas preconizadas en aquella época de la II. República eran un reflejo de los avances que también estaban teniendo lugar en Alemania, en donde varios sexólogos de la Escuela de Berlín iniciaban una ciencia sexológica (“Sexualwissenchaft”) de carácter multidisciplinar y atendiendo a la diversidad. Pero ni un sitio ni en el otro las cosas prosperaron demasiado, en España hubo una Guerra Civil, y en Alemania el clima político que dio lugar a la II. Guerra Mundial acabó con el avance sexológico pionero en Europa. Además en Alemania, uno de los hombres que lideraron el estudio sexológico, Magnus Hirschfeld, tenía la mala suerte de ser judío y tener orientación homosexual en el peor sitio y momento de la historia.

De la obra de Hildegart se puede destacar que escribió diversos artículos para la revista sexológica española de la antes mencionada liga o asociación, de la que fue secretaria y fue una pieza clave en la difusión de nuevas aportaciones sexológicas en una época floreciente en dicho tema, así como en otros de la ciencia y el pensamiento. Entre sus escritos se pueden mencionar los siguiente: 'La rebeldía sexual de la juventud', 'El Problema sexual tratado por una mujer española', 'Educación Sexual', 'La revolución sexual', 'Sexo y Amor' y 'Profilaxis anticoncepcional'. Todas ellas son obras que fueron censuradas al poco tiempo de ser escritas ante el clima político represor de la dictadura franquista. Pero tan interesante como lo que pensaba y el legado ideológico que nos dejó, es como vivió y murió. Al fin y al cabo, llegó a ser una ideóloga que no se resignó a quedarse en el mundo de las ideas. O esa es la interpretación que se ha dado de las causas que llevaron a que su madre la asesinara antes de que cumpliera los 17 años. Havelock Ellis (colega inglesa cuyos trabajos fueron traducidos por ella al castellano) la llamaba cariñosamente (supongo) la “virgen roja” porque era miembro del Partido Socialista, activa también en su militancia política pero, pero lo mucho que sabía de sexualidad lo sabía únicamente de oídas, ya que no tenía experiencia sexual alguna. Su madre se erigía en guardiana de su cuerpo, el cual no era más que un envoltorio de su mente y sus ideas (las de su madre o que su madre permitía que floreciesen, claro). Y parece que a Hildegart le picaba la curiosidad o algo más, y que su relación con Havelock iba (o podía ir) más allá de lo intangible. Y ahí se acabó su producción y su vida. Vamos, el típico “la maté porque era mía” es lo que debió pensar su madre, y antes de que su obra, a la cual le habían salido dos patas, pusiera pies en polvorosa, decidió matarla.

Después de que hubiera un parón, e incluso una involución de estas ideas y del conocimiento del hecho sexual humano con la llegada del franquismo, ahora en fase avanzada de la democracia española, nos encontramos donde nos encontramos. Es decir, con guardianes de la moral sexual que quieren legislar qué hacer con nuestro cuerpo, cuando no moldear nuestra ideología para que discurra por los cauces de la normalidad, que mira por donde, debe ser que nos casemos sólo entre hombres y mujeres y tengamos relaciones sexuales coitales donde espermatozoides y óvulos vayan siempre juntitos y hasta que la muerte los separe. Eso sí una vez que hayan conseguido como refugio un cuerpo que nazca al margen de los deseos de la usufructuaria del cuerpo original.